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1 marzo, 2011 / Leonor Bautista

El verbo importa

Una persona se puede sentir ridícula, puede parecerlo y también puede serlo. Obviamente el peor de los tres casos es el primero, porque parecer o ser ridícula sin sentirse como tal no es un problema.

Para mi, está claro que lo peor es sentirse ridícula. Pero aún es más sangrante ser ridícula, parecer ridícula y sentirse ridícula. Todo en uno, y en ese orden.

Ayer, alguien debería haberme dado el premio a la más ridícula, por comportarme ridículamente, provocar una situación ridícula y no percatarme de lo ridícula que estaba siendo hasta que ya no había marcha atrás.

El desridiculizador que me desridiculice, buen desridiculizador será.

¡Uf!

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