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22 junio, 2011 / Leonor Bautista

Autoexigencia (II) o cómo cansarse de una misma

He aprobado inglés. Ya tengo un título oficial que acredita que tengo cierta destreza en este idioma.

Lejos de sentirme feliz me siento triste. La verdad es que no esperaba aprobar, esperaba suspender y pasarme todo el verano estudiando para lograr una gran nota en septiembre. Pero no. He aprobado en junio y de alguna forma me da pena.

Me da pena no haber estudiado. Podría haberlo hecho mucho mejor y no aprobar casi por los pelos. Me hubiera gustado demostrarle a mi profesor que he aprendido mucho. Sin embargo, lo cierto es que hice todo lo contrario a lo que se suele hacer en estos casos, estudiar un poquito de vez en cuando durante todo el curso y no hacer nada al final del mismo. Supongo que el que siembra, recoge. Pero de alguna forma siento que he recogido mediocridad.

Si hiciera una lectura inversa de esto podría preguntarme: ¿cuántas personas en mi lugar habrían aprobado habiendo estudiado exactamente “nada” durante mes y medio antes del examen? Seguramente la respuesta sería: no tantos. Aún así, esta lectura no me vale. Vuelvo a mi autoexigencia envenenada y (por suerte) a mi autocontrol, para no darme cabezazos contra las paredes.

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